Llegamos con Bob a la trastienda bastante temprano para retirar las entradas y acomodarnos en nuestros lugares con tiempo. La sala se fue llenando de a poquito con grupos de gente variada que incluían un gran porcentaje de extranjeros, y hasta una pareja de alrededor de 60 años de edad sentada cerca nuestro que le pregunto al mozo quien tocaba esa noche.

Luego de que tocara la banda soporte (Verde Oscuro) poco rato pasó para que las luces bajaran y José Gonzalez, que 10 minutos atrás estaba en un costado entre el publico sacándose fotos, saliera al escenario.

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No es difícil darse cuenta cuales son los condimentos que hacen de González un músico con cierto appeal para el publico indie-folk argentino. Ya debería ser suficiente con su música tranquila (donde la sutileza prima) pero de letras pujantes y profundas, expresadas a través de su voz cálida y parsimoniosa, y su habilidad con la guitarra acústica. Pero si a eso le sumamos el hecho de que no solo es oriundo de un país remoto (pero europeo), como lo es Suecia para los argentinos, sino que además es hijo de exiliados argentinos que debieron escapar del país durante la última dictadura militar. Bueno, tenemos un coctel ganador.

Pero si José Gonzalez es sueco, hijo de argentinos exiliados, si canta en ingles cuando en su país se habla sueco, son cuestiones secundarías al momento en que sube al escenario.

Solo sobre las tablas, con la guitarra como única compañera, José nos mostró su repertorio con un show de alrededor de una hora, donde interpretó un mezcladito de temas de sus primeros dos álbumes, donde no faltó “Heartbeats” (cover del original de The Knife), tema que lo hizo conocido. Para destacar fue la interpretación de “Killing For Love” (video) que, tengo que admitir, es mi tema preferido de este cantautor sueco. Por ultimo, fue muy buena la sorpresa que nos llevamos con el último bis. ¡Ni más ni menos que “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division! Excelente la versión de Gonzalez de este clásico, que según leí por ahí ya se convirtió en un tema regular de sus recitales.”

 

DJC

Apenas comenzó el concierto lo primero que notamos fue la similitud en la forma de cantar de Gonzalez con la de Silvio Rodríguez (solo faltaba que se ponga a cantar Mi unicornio azul ayer se me perdió),y esto no es de extrañar, el trovador cubano es, según no se cansa de declarar él mismo, una de sus principales influencias.

Como va avanzando el recital, su tono pausado, sutiles arreglos y las suaves melodías que salen de su guitarra van marcando la pauta. Ayudado por una cuidada iluminación Gonzalez logra crear un ambiente intimista que ya se ha vuelto una característica fundamental de sus recitales. Ánimos de tranquilidad y excitación se mezclan y viven al mismo tiempo mientras toca, siendo causa y efecto de la relación tan personal que consigue establecer entre su música y el publico. Sus canciones terminan siendo puentes que nos unen con su sensible interpretación. Aunque el clímax se cortaba un poco con los constantes intentos por afinar su guitarra luego de cada tema, apenas comenzaba de nuevo a tocar las distracciones quedaban atrás.

En momentos nos parecía increíble que todo este ambiente fuese creado solo con su guitarra y voz, pero así era. La nota de color la dio el sonidista que desde la cabina acompaño tocando mansamente una trompeta al final de dos temas. No siempre se ve a dos personas tocando un tema desde lugares separados.

En resumen y para no aburrir. Gonzalez logró su cometido, con la simpleza como bandera, pero cantando letras que contienen cada vez más tinte político y social, nos encanto a todos durante casi una hora. Nada mal para un muchacho y su guitarra.

Reflexión de último minuto:

A decir verdad antes de que empiece el recital temía que González suene a poco. Seamos realistas, es algo que es muy común cuando hay un solo tipo tocando su guitarra sobre el escenario. Si Eric Clapton puede sostener que Cream sonaba a poco en sus primeros recitales (y estamos hablando de la banda que prácticamente inventaron el “power trio”), fácilmente puede pasar lo mismo con un solo músico sobre el escenario. Apenas salió el primer acorde de la guitarra de José González, todos mis miedos se apagaron instantáneamente. Demostró que él solo podía llevar adelante el concierto tranquilamente, y desde el primer minuto inundo la sala con su música sin aburrir a nadie ni dejando lugar a que el público extrañe la presencia de más instrumentos sobre el escenario. José González hizo con muy poco muchísima música. ¡La simpleza al poder!

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