En la década del sesenta, el ingenio argentino sumó un nuevo halago a su

palmarés inigualable de inventos; a los ya conocidos birome, colectivo,

 

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los autitos chocadores y dulce de leche, se le sumó la consagración como el mejor juego de ingenio de la historia en la bienal de Trieste 1963 al Ludo-Matic, juego de mesa ideado por Ludovico Ortegrand, subsecretario de marketing del segundo gobierno del General Perón (1952-1955).

En la Bienal de Trieste, el Ludo-matic superó nada menos que al milenario juego de las damas, los chinos y el ajedrez, los otros tres juegos finalistas. La creación del juego encierra una conmovedora historia.
Años antes, Ortegrand había recibido la dificil misión de inventar algo que tuviera entretenido a Perón durante los interminables actos de gobierno de su segunda Presidencia, en los cuales se aburría terriblemente al escuchar los discursos de gente como Rousselot, Cafiero, o Calabró. También lo aburrían bastante las sobremesas en el restaurante “El Justicialista del Sabor” con los actores Juan Carlos Thorry y Tincho Zabala.
-Hay que tener entretenido al General -fue la premisa que le transmitió Mareco, del entorno íntimo de Perón, al flamante subsecretario.
Así fue como tomando como base el exitoso entretenimiento de la época, “El juego de la Oca” (el preferido de Tito Lusiardo, entre muchos otros), Ortegrand lo rediseñó de un modo futurista, tratando de reflejar una mezcla entre los filmes de ciencia ficción de la época como “2001 Odisea del Espacio”, “Luces de Buenos Aires” y “Barbarella”. Pero la frutilla del postre, y lo que finalmente sedujo al General fue el centro del juego, donde una especie de cockpit de avión de guerra, redondo, completamente finalizado en plástico transparente envolvente, dejaba en su interior un dado que saltaba y giraba sobre un mini trampolín accionado por la presión ejercida con las manos sobre el círculo transparente.
-Parece cosa ‘e mandinga, Jo Jo -decía el General mientras apretaba el cockpit con su pulgar mostrando una vez más su proverbial buen humor.
Ortegrand fue promovido a la categoria de Primer Ministro como premio a su aporte al país, a pesar de que en Argentina no existía dicha categoría ministerial. Perón quiso ir más allá con su fanatismo y le pidió a Ortegrand un modelo a escala gigante del tablero del Ludo-Matic, a ser incluído en el Altar de la Patria, la obra faraónica más impresionante que ningún país de Latinoamérica tuvo jamás, en la avenida Figueroa Alcorta al lado de la Facultad de Derecho. Sería el Ludo-Matic más grande del mundo, y en lugar de los cuatro tacos de colores, tendría doscientos cincuenta siluetas gigantes de personajes conocidos del momento, como Hugo del Carril, Gatica, Mateyko, Fanny Navarro, Isabel Sarli, Cabandié, Di Sarli, Karadagián y Pepe Diaz Lastra, cómico que al general hacía matar de la risa, al igual que Tatín. O sea, cada jugador se convertía en un peronista del mundo del deporte o el espectáculo por el rato en que jugaba.  
– Para que los pibes peronistas puedan jugar de a cientos a ser Justicialistas Famosos, jo-jo! -el General se entusiasmaba.    
Pero ocurrió lo imprevisible. A mitad de camino del Ludo-matic gigante, Ortegrand recibió una jugosa oferta para idear el muñeco del personaje Larguirucho de parte de Manuel García Ferré. Ortegrand dejó todo a mitad de camino y se marchó a la ciudad de Trulalá para trabajar para su nuevo empleador. El General Perón estaba furioso, y a punto estuvo de decretar el sitio de Trulalá. Pero la Revolución Libertadora lo derrocó y todo quedó en la nada.    
Lo único que quedó fue el cockpit gigante, redondeado, de plástico transparente. El mismo que se reutilizó como corola para la Flor Gigante que se iergue, altiva, en ese mismo lugar sesenta años despues inaugurada por otro Presidente Peronista: Fernando De La Rúa.

Curiosidades de Buenos Aires…lo sabías?

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