Como muchos saben, el GP de Argentina era el primero del calendario de

 

la Fórmula 1 internacional. Y el circuito callejero “Ciudad de Buenos Aires”, por ende, uno de los más peligrosos e interesantes de dicho calendario.

En vida del General, quisieron ponerle “Circuito General Juan Domingo Perón”, pero el más ilustre de los argentinos, tal su costumbre, se negó humildemente ya que, según decía, “me falta caucho para aspirar a honor tan grande”. Sin embargo, había sido Juan Perón quien diseñó el circuito callejero en 1970, tratando de combinar aventura, velocidad, peligro, hombría de bien y justicialismo puro en un solo recorrido. Tal vez fuera por ello que la línea de largada y la recta principal se encontraran donde se ubicaba en ese momento el “Altar de la Patria”, en Avenida Figueroa Alcorta, al lado de la Facultad de Derecho.  Los pilotos llegaban a la primera curva, “La Lopez Rega”, en la intersección con la avenida Sarmiento con el motor a fondo, y giraban a la izquierda rumbo al zoológico. Luego volvían a girar a la izquierda retomando Avenidad del Libertador, donde Perón había hecho colocar a ambos lados docenas de gigantomuñecos de Rousselot, lo que le daba el nombre a dicha recta. La cosa se complicaba el la llamada “Zona de Mixtos Abal Medina”, donde los pilotos se esmeraban para entrar a puro rebaje en las Avenidas Alvear, Ayacucho, Quintana, Ortiz hasta llegar a la “S” del Sorondo, en Vicente Lopez y Azcuenaga. En esta curva encontraron la muerte los pilotos Denis Severt, Francois Termitor, Ronnie “Carla” Petersen y Riccardo Du-Pont en sucesivas ediciones del Gran Premio. Era una pista complicada, sin dudas, muy comparable al GP de Monaco, pero más popular.
Perón se llegó a emocionar cuando Marilina Ross no solo se inscribió sino que logró la Pole Position en aquella edición memorable de nuestro Gran Premio. Era la primer mujer en lograr semejante distinción. Pero lamentablemente, ni bien comenzada la carrera, en la curva Papaleo, se distrajo un segundo con un afiche callejero de Osvaldo Miranda (su coequiper en la serie “La Nena” en ese momento) y terminó con el auto adentro del cementerio de la Recoleta.
Sólo se corrieron cinco ediciones, pero aún queda vivo no sólo el recuerdo de aquellos valientes hombres a bordo de sus magníficas máquinas, sino la impronta del General regalándonos, una vez más, solaz y esparcimiento deportivo.
Con la muerte de Perón y los papelones de los pilotos Ricardo Zunino y Gastón Mazzacane, el poder de turno decidió prescindir de nuestro gran premio.
Cuando veo a estos gladiadores, a estos valientes de todo el mundo que aún no saben que son peronistas, mi corazón y el de mi pueblo se llenan de gozo”, tales fueron las palabras inolvidables de Perón mientras premiaba al ganador Regazzoni.

Curiosidades de Buenos Aires…lo sabías?  

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