Desde hace más de 40 años, una historia pone los pelos de punta

calle yerbal

a los habitantes de Flores, en la cercanía de la calle Yerbal al 2600.

Al ser un relato tan popular entre los vecinos, dicen que hasta el mismísimo Alejandro Dolina comenzó a escribir mas específicamente sobre las historias del Barrio de Flores luego de que aquélla historia llegó a sus oídos.
El caso, resumido, es así.
Un grupo de chicos del barrio de Belgrano es invitado a una fiesta de quince años en esa casa, dado que uno de ellos conocía a las compañeras de la cumpleañera. Son cinco o seis los que asisten. Uno de ellos se enamora perdidamente de la cumpleañera ni bien la ve. Logra hablar unas palabras con ella, y alcanza a percibir una especie de desesperación en la joven. Por una razón u otra, no logra volver a intercambiar una sola palabra en toda la noche, pero ella lo persigue con su mirada inigualable.
Un mes despues, en verano y ya desesperado por volverla a ver, retorna a la casa. Lo atiende una anciana y le dice que nunca hubo ninguna fiesta ahí. El le menciona a Bárbara, el nombre de la chica. A la anciana le cambia la cara y lo echa a los gritos.

Tenía una nieta, Bárbara, pero había muerto hacía más de un año, le grita desde adentro.  
De nada le sirve al joven insistir. Sus amigos comienzan a cambiar desde la dirección donde había sido la fiesta (hablan de las calles Bacacay o Condarco) hasta el nombre de la cumpleañera. No era Bárbara sino Catalina. El joven siente que va a enloquecer, pero sabe que es cierto que existe una casona en la Yerbal y que alguien llamada Bárbara vivió ahi o cerca de ahí. Sus investigaciones por el lado de la familia de Bárbara tampoco llegan a nada. Por medio de su padre diplomático, el muchacho llega hasta la Casa de Gobierno con el asunto, y el General Peron decide tomar parte pero no se llega a nada ya que Perón muere a los pocos meses y Abal Medina no le da después ni la hora. El joven siente que es una chicana del destino sólo para él.
Hasta aquí el relato y lo poco que hay escrito. El joven hoy es un hombre de cincuenta y cinco años que pasa sus días en una Clínica Psiquiátrica de la zona de Recoleta, sobre la calle Las Heras. Cuando se lo entrevista, vuelve a relatar todo con lujo de detalles. Está convencido que habló con un fantasma. Al que sigue amando cuarenta años despues. Locamente.            
Hoy la vieja casona no existe. Sólo un Albergue Transitorio y una alta y moderna torre ocupan la cuadra. Tal vez quienes ocupen o visiten la torre alguna vez se encuentren en los ascensores con una adolescente de una belleza inigualable y la desesperación a flor de piel. Tengan cuidado.      

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