El General Perón retornaba cansado y algo aturdido cada vez que visitaba al Cacique Kermarak en su toldería de lo que posteriormente se conociò como “Tortuguitas”,

pasaje de la piedad

situado a unas 60 leguas de la Casa de Gobierno. Se habían hecho grandes amigos luego de combatir juntos contra el Ejército Realista de Napoleón III y derrotarlo, para liberar de una vez y para siempre a la provincia de Buenos Aires del yugo conquistador. Desde aquellos tiempos bisoños de nuestra República, Perón acudía a las huestes de Kermarak donde siempre recibía, indistintamente, consejo, afecto y mucha ayahuasca. El General se pasaba a veces de rosca con el alucinógeno y, por esa razón, retornaba complicado y aturdido.

Kermarak era de pocas palabras. La historiadora Patricia Dal Ongaro asegura que no pronunciaba más de diez por día. Por eso llamaba la atención que Perón acudiera a él por consejo, ya que casi nunca pronunciaba algo extenso como eso. Su mayor virtud era la simplificación, por eso la fama de sus monosílabos pasaron a la historia: justos, sabios, casi hechos a la medida de sus interlocutores.
Cuando tenía casi definido su Gabinete para el gobierno de 1973, acudió a Tortuguitas para que Kermarak, ya anciano, le diera el visto bueno. Durante la velada, la chicha y la ayahuasca corrieron duro y parejo. Sentados el la tierra de la Carpa Cacical uno frente al otro de piernas cruzadas, Perón se demoró casi tres horas en explicar con lujo de detalles los antecedentes de cada uno de sus futuros ministros, la SIDE había hecho un trabajo excepcional, coronado por detalles que a Perón lo convencieron de que el trabajo había sido serio. Por ejemplo, el informe decía que Jose Ber Gelbard, futuro Ministro de Economía, de niño había sido un superdotado de las construcciones con Rasti, un juego infantil que consiste en ladrillos de plástico encastrables.
Al terminar la larguisima alocución, Kermarak lo miró al General detenidamente. Alzó sus ojos enfrentando los de Perón y lanzó la frase más larga que pronunció esa semana:
– “Lopecito querer cagarte“. –en clara mención a Lopez Rega.
Perón enmudeció y comenzó a llorar desconsoladamente a la vez que pedía un poco mas de ayahuasca. Una vez que se calmó, solo atinó a decir:
-“Pero si es más bueno que mi caniche “Sandokan”!!!
Pero Kermarak ya no habló más ese día. El consejo estaba dado.
Perón retornó a Casa de Gobierno y trató de entender de qué manera lo traicionaría Lopez Rega, ya que le tenía suma confianza. De todas maneras, preparó un fusilamiento público en el club GEBA para el día siguiente., que no se llevó a cabo por la desesperada intervención de Isabel, quien le pidió por la vida de Lopez Rega de rodillas, dándose frenéticos golpes en la cabeza contra la pared.
-“Pido piedad para este hombre, Mi General” –dijo Isabel. Y Perón no tenía forma de no complacer a su mujer. La ejecución fue aplazada indefinidamente, e Isabel, en prueba de fidelidad y obediencia a su marido, expropió el pasaje denominado “De los Caranchos” y le cambió su nombre por “De la Piedad”.
El mismo se haya abierto al publico, en pleno centro porteño y se puede visitar los martes de 10 a 11 AM. Colectivos: 5, 110, 39, 86.

Curiosidades de Buenos Aires…lo sabías?

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