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32 – INTENTÉ SUERTE CON EL RUGBY COMO VEHÍCULO HACIA EL AMOR (Primera adolescencia).

Al final, siempre en las fiestas las chicas mas lindas se iban con los que jugaban al rugby, una profecía autocumplida.

Yo era y soy un verdadero alfeñique al que apenas su cuerpo le da abasto para jugar de vez en cuando algun picado, asi que imaginense el odio que destilaba hacia los musculosos rugbiers; odio que, obviamente me lo guardaba bien adentro, no fuera cosa de que me molieran a trompadas.
Hasta que me decidí: si ese era el camino hacia el amor, Gustavo Cerapio lo transitaría por lo que me encargué un manual para desarrollo de musculatura muy de moda en aquellos tiempos (el de “Charles Atlas”, de ahí me quedó la palabra “Alfeñique”) y comencé a asistir a los entrenamientos de mi club, cuyo nombre es el de un conocido Cardenal.
Mis compañeros no lo podían creer, el enemigo pùblico número uno del rugby era el primero de la fila en los entrenamientos, impostaba la voz y daba indicaciones a lo macho, se metía en los scrums, etc.  La realidad es que me tomaban en joda y no me daban un solo pase. Me comenzaron a llamar “Globulín”, un conocido personaje que interpretaba el primer actor Julio Lopez en aquella maravillosa TV de los ochenta.
Como el entrenador decia que antes que a mi prefería poner a Mr. Bean, me vi injustamente relegado al banco de suplentes de quien me hice un asiduo compañero por más de 4 meses sin jugar un solo minuto.
Pero no me importó, y aquel sábado me fui a aquella fiesta con la camiseta de mi equipo puesta, así todas veían que entraba un verdadero rugbier con hambre de amor.  Estaba realmente ridículo con mi casaca de deporte rudo,  mis patitas de flamenco y un lomo estilo Pettinato.
No sé que pasó pero funcionó con todos mis compañeros de equipo que estaban ahi menos conmigo. Pocas veces reboté tanto.
Al otro dia concurrí a observar el partido una vez más desde el banco de suplentes. Era el único suplente que había ido. Los demás se quedaron de joda hasta temprano a la mañana con las chicas. A los quince minutos se lesionò El Mono, nuestro capitán. A regañadientes, el entrenador me dijo que me preparara.
Para hacerla corta: ingresé y la primera pelota que tomé me vi venir al gordo Del Carril, el pilar más grandote de Alumni, y supe que no iba a poder evitar el choque. Y luego no recuerdo más nada. Desperté en la clinica cuatro horas despues, con la clavícula destrozada y un par de costillas fisuradas, más allá del golpe en la cabeza.
Debut y despedida de Cerapio rugbier, en la cancha y con las minas.

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